El chicle (originalmente de la palabra náhuatl
chictli) es un polímero gomoso que se obtiene de la
savia del Manilkara zapota, un árbol de la familia de
las sapotáceas [1] (antes llamado Sapota zapotilla o
Achras zapota) originario de México, América central
y América del Sur tropical. Por su sabor dulce y aromático,
numerosos pueblos amerindios utilizaban la goma para
mascar. En Argentina y otras partes de Latinoamérica,
la palabra es sinónima de goma de mascar; si bien la
mayoría de las actuales emplean una base de plástico
neutro, el acetato polivinílico, hasta hace
relativamente poco tiempo el chicle utilizaba aún
esta savia como material.
Procesamiento
La savia espesa naturalmente al contacto con el aire
por un proceso de oxidación, pero en las plantas se
la filtra y se la hierve para obtener la consistencia
deseada. La resina se calienta al vapor hasta una
temperatura de 115 grados centígrados, se vuelve a
filtrar, se centrifuga, se filtra de nuevo y se
mezcla, en grandes contenedores rotativos de
centenares de litros, con los endulzantes y aromas
elegidos. Todo este proceso se realiza a altas
temperaturas.
La goma se deja enfriar ligeramente antes de pasarla
por rodillos que la aplanan hasta el ancho deseado.
Una vez fría, se corta y empaqueta. Las gomas con
coberturas o rellenos sufren procesos adicionales
antes de llegar al envasado.



