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BiografíaCésar Conto Ferrer César
Conto nació en Neguá, Municipio de Quibdó, el 18 de enero de 1836, en
el hogar formado por Nicomedes Conto y Marciana Ferrer, ambos chocoanos.
Cuando el niño contaba apenas cinco años, en 1841, los conjurados
incendian la casa de sus padres, razón por la cual se refugian en Nóvita,
y posteriormente fijan su residencia en Cali. Aquí, en el Colegio Santa
Librada comienza sus estudios; luego pasó a Bogotá y los concluyó en El
Rosario. Recibió el grado de Doctor en Jurisprudencia, después de un
brillante examen. Ya con el título, se trasladó en 1857 a Cali, en donde
se hallaba establecida su familia, y en aquel lugar, lo mismo que en
Palmira, desempeñó el destino de juez. Durante la revolución del año
1860 tomó las armas en favor de la causa liberal. Después, desempeñó
los empleos de Magistrado del Tribunal de Occidente, en el Cauca, y Fiscal
del Estado del mismo nombre. En seguida fue elegido Diputado a la
Legislatura Seccional, Participó
como militar aguerrido en las revoluciones y contiendas de 1860, 1876 y
1877. De sus atributos guerreros se recuerdan el valor y la estrategia que
desplegó en los terribles combates de Los Cristales (abril de 1862) y Los
Chancos (agosto de 1876). A raíz de la desgraciada acción de Los
Cristales. Conto cayó prisionero de las huestes de don Julio Arboleda. De
aquel entonces data esta anécdota en la que apreciamos el arrojo, la
altivez de carácter y la fina inteligencia del infortunado prisionero. Cierto
día, Arboleda acudió a la cárcel de Cali, y a la vista de los liberales
recitó la conocida oración que Virgilio pone en boca de Eneas cuando el
sitio de Troya: "No hay más salud para el vencido que una, y es no
esperar del vencedor ninguna" (Ultima salus victis nulam sperare
salutem). A la velocidad del rayo, Conto le completó la estrofa:
"Mas ay del vencedor tirano y cruel, sí el vencido se escapa y da
con él". Agrega el biógrafo que Arboleda miró hacia el lado de
donde partió la voz y "pudo observar que la había lanzado un joven
alto, enjuto, de color cetrino y de un bigotito que adornaba su faz
interesante y varonil. Lo miró con altanería de pies a cabeza, guardó
silencio y se retiro En
1871 el general Eustorgio Salgar le llamó a formar parte de su
ministerio, encargándole el desempeño de la Secretaría del lesoro y Crédito
Nacional. En abril de 1873 se posesionó de una de las magistraturas de la
Corte Suprema, en virtud de elección hecha por las asambleas de los
Estados. En
el orden político fue, además, Presidente del Cauca (1875-1877), Cónsul
General en Londres, Representante de Colombia en el Congreso Postal de Lisboa,
General de la República y uno de los jefes más destacados del
Liberalismo. Además
de un fogoso tribuno, Conto gozó fama de gran improvisador y fue un
consagrado filólogo, un versado traductor y poeta. Es el autor de estas
obras: Apuntaciones sobre la Lengua Inglesa (elogiada por R.J. Cuervo);
Curso completo de la Lengua Italiana; Versos (Londres, 1884) y Diccionario
Ortográfico de apellidos y nombres propios de personas (Londres, 1885) en
colaboración del eminente gramático Emiliano Isaza. Las páginas de El
Liberal nos muestran no solamente al editorialista que endilga su pluma
contra Núñez, sino al polemista que se enfrenta a don Miguel Antonio
Caro sobre temas gramaticales. Su
producción poética es copiosa. Se abrieron camino en los medios
populares, entre muchas, "A un retrato", "La Estampa de la
Herejía" 'La Ausencia", "La Pereza", y su soneto
"El Vacío del Placer", en que se advierte cierto escepticismo
con visos filosóficos, especialmente en las estrofas siguientes: por
cada paraíso hay un infierno, tras de cada placer está el vacío! ¡Gozar
para aburrirse! ¡Qué tarea! en realidad la vida es un presente de gran
valor; pero... ¡maldita sea! César
Conto, proscrito y perseguido, viajó a Guatemala y aquí acabó el resto
de su agitada existencia con altivez y dignidad; dedicado a la cátedra,
actividad en la que sobresalió por sus excepcionales conocimientos, a tal
punto, que "lo mismo exponía una lección de historia que otra de
francés o inglés, o disertaba sobre ciencias jurídicas, políticas y
sociales". Conto murió en el destierro, el 2 de julio de 1891. Sólo
en 1924 sus restos mortales fueron repatriados y traídos a Quibdó. El
gran José Maria Vargas Vila exaltó a nivel internacional la figura de César
Conto en su libro "Los Divinos y Los Humanos", donde dice:
"entre dos filas de soldados, enfermo, cuasi moribundo, después de
una larga prisión, fue arrojado de la patria el escritor ilustre; que no
tenía más crimen que su grandeza y su victoria... César Conto fue a
morir a Guatemala "...mejor se duerme en tierra extraña pero libre,
que en la propia siendo esclavo". (Tomado y adaptado del libro "GRANDES DEL CHOCÓ", del Pbro. Efraín Gaitán Orjuela, publicado en 1995) |